Envolturas (Brotes de olivo)

¡Qué triste es ir por la vida con hambre de darla a Dios
y no saber que la damos "a envolturas" de su amor!

¡Cuánto pesa comprobar, cuando la vida pasó,
que al final lo que sembramos no fue ni vida ni amor! Son envolturas...

Si fue verdad que vivimos con profunda donación
y no fue Dios ni su esencia quien nuestra vida guió.

Qué duro se hace mirar la senda que atrás quedó
al comprobar que la huella no fue fiel al plan de Dios.

Qué dolor padece el alma que vivió para el Señor
al sembrar su propia vida y no el amor que creyó.

La envoltura no perdura, aún hecha en nombre de Dios,
sólo trasciende la esencia, perdura sólo el amor.

A veces todo es perfecto en su quehacer exterior
y lo que ocurre y vivimos pensamos que es de Dios.

Aunque en su nombre lo hacemos con la mejor intención,
no tenemos garantía de que lo hecho sea de Dios.

Pues en nombre de la Cruz, la Palabra y el Señor
¡cuánta injusticia se ha hecho, cuánto, contrario al amor!