El mundo está en la cruz (Brotes de olivo)
(Is 53, 4-6, 10-12)

He llegado a la montaña y en la cruz te he contemplado,
te he visto ojos de niño, tu faz era de soldado.

Tu cuerpo sangrante y roto, tus manos viejas, de anciano.
No he visto un Cristo de historia, vi un mundo destrozado.

Una a una, las espinas de tu cabeza he quitado,
y de tus manos sangrantes arranqué los fríos clavos.

Y al llegar hasta los pies, miedo me dio tocarlos,
¡eran la sangre del pueblo, pobre, guerrero y esclavo!

Tu cuerpo sangrante y roto sobre mí se ha descolgado.
Los pies quedaron allí, en la cruz aún clavados.

Y en tus ojitos de niño, y tu cara de soldado
vi la humanidad muriendo, ¡muriendo entre mis brazos!

El pueblo que sufre y muere, no muere, lo hemos matado,
tras pisar su dignidad y su fe, pisoteado.

Y yo en tanto seguiré dándomelas de cristiano,
pensando que el mal de los hombres se lo hicieron mis contrarios.