Getsemaní del pueblo (Brotes de olivo)
(1 Pe 2, 24)

Lágrimas cruzan mi triste semblante,
son de miedo ¡son de sangre!, de mi frío son sudor.

No son de mí, son del pueblo de la calle,
que se alimenta con hambre y el amor jamás vivió.

¡Padre!, pasa de mi este cáliz,
que es más fuerte que mi vida y no puedo soportar.

Dame hombres vivos que lo amen,
que lo vivan y no hablen y a mí frío den calor.

Hombres que comprendan mi mensaje
y de él no hagan un fraude, que lo vivan como yo.

Getsemaní de los pueblos de la tierra,
del dolor que el mundo encierra, que nos gritan más y más.

Lánguidos son sus rostros temblorosos,
sus corazones se han roto, los mató la cristiandad.

Mudos se arrodillan en la tierra
y a su Dios la vista elevan para que calme su mal.

Ellos son el pueblo abandonado
por quien antes aclamaron su pobreza y su humildad.

Buscan esa tierra prometida
que les sacie la sed viva por toda la eternidad.