No amarrar, si pudrir. (Brotes de olivo)

Como la semilla que se rompe al pudrir
han de ser las vidas que se entregan al Señor.

No esperemos nunca dar la vida sin morir,
nada hay que se rompa sin que duela el corazón.

¡Oh, Señor! que me fije en tu vivir, mi oración que me acerque hasta ti,
no sabré quién has sido sin sufrir, ¡Oh, Señor!

No pretendas nunca amarrar cosas de Dios,
pues Jesús tan sólo dijo: "Id y predicad".

Si las amarramos proclamamos nuestro yo
y nuestra misión tan sólo es la de sembrar.

Y regar todo aquello que planté, no olvidar que en su nombre yo sembré
y al sembrar en Jesús los liberé, ¡Oh, Señor!