Los pacíficos (Brotes de olivo)

Miro con paz y una esperanza sin fin la tarde oscura que muere
y aquel caer de la hoja gris que por vejez ya murió.

Y miro aún con más paz a la madre que a su bebé amamanta entre sus brazos,
y el gran temblor del viejo aquél que el tiempo ya apagó.

En mí siento la fuerte angustia del cobarde y del ladrón,
y el susurro de la noche ¡todo me trae paz de Dios!

Me trae la paz quien es capaz de vivir mirando ansioso a lo lejos,
buscando a Dios donde, al mirar, no puede verlo jamás.

Y vive en mí aquél que siembra la paz, dando sosiego a la vida,
porque esa paz es la Paz de Dios.