El aleluya de mi Dios (Brotes de olivo)

¡Aleluya!, fin de un caminar que comienza en un pobre portal,
y que arrastra pasos de soledad e incomprensión, de un gran dudar.
Entonces sí, hay ¡aleluya!

¡Aleluya!, el aleluya de mi Dios.
No hay ¡aleluya! si no hay cambio en mi ser,
no hay ¡aleluya! si no hay muerte en mi yo,
no hay ¡aleluya! sin cruz, clavo y lanzada.
Entonces sí, hay ¡aleluya! ¡Aleluya!, el aleluya de mi Dios.

Cruz y pesebre, dos aleluyas,
fin y comienzo de un Dios que en tierra está.

Él plantó su tienda entre nosotros, quiso perder su dignidad,
es la razón que da el ¡aleluya!