Ciudad joven (Brotes de olivo)

Sopla el polvo que ha cubierto la brillantez de tu vida
y verás que es un espejo de Dios y su vida misma.

A lo largo de los años fuimos perdiendo el sabor,
de lo grande hicimos nada, perdimos la huella de Dios.

¡Vente!, vente hasta la Ciudad Joven, a dar vida a lo que muere,
no es misión de gente grande, ni de listos. ¡Vente, vente!

Sólo es de los sencillos que caminan tras de Dios,
soplando lo polvoriento y descubriendo su voz.

En Ciudad Joven soñamos con absurdas profecías,
ver al cordero y al lobo conviviendo noche y día.

Y a los hombres compartiendo cuanto heredaron de Dios:
la pobreza y la alegría, su talento y su dolor.

¡Ven!, ven y toma lo que tengo, pues no es mío sino tuyo;
si al darlo tú me lo aceptas, me sabrá a dulce arrullo.

Y a quien de Dios viva lejos le llegará su rumor,
y entonces la Ciudad Joven será la Ciudad de Dios.