Señor, ¡envíanos a tu hijo! (Brotes de olivo)

Los campos están desolados. La luz la tiniebla ha ocultado.
No hay amor. ¡No hay amor!

El hombre huye de sí mismo. Su alma la ha cargado de egoísmo.
Le falta Dios. ¡Le falta Dios!

¡Manda al Salvador de Israel! Yo te invoco, Dios de Samuel,
¡oh!, Dios de Jacob, ¡oh!, Dios de Moisés, ¡oh!, Dios de María y José.

Los hembras están angustiadas, las madres están muy cansadas,
gritan: ¡Ven, oh Dios, manda al Salvador, calma nuestro dolor!

Los pobres caminan errantes, los ricos de ti tienen hambre;
ciegos tras ti van, buscan sin cesar la luz de tu verdad.